Raquel y Jorge se conocieron jugando al baloncesto con quince años y, por mucho que la vida los llevara por distintos caminos, siempre volvían a encontrarse. Diez años después de empezar su noviazgo, y tras una bonita pedida de mano en Formentera, en la que Jorge temblaba un poco de los nervios, se casaron en la ciudad que los había visto crecer: Alcalá de Henares.



Raquel confió en Impúribus para la creación de su vestido de novia, diseñado por Sara. “Lo tenía claro desde hacía dos años porque fue la diseñadora del vestido de novia de mi hermana y viví junto a ella todo el proceso”, recuerda Raquel, “Sara hizo que el proceso con mi hermana fuera muy bonito y fácil, y tenía claro que el día que me casara sería ella quien diseñara mi vestido. Y así fue, un proceso muy especial a su lado. Sus telas, sus ideas, su templanza a la hora de aconsejar y su escucha siempre para conseguir sentirte y verte cómoda, me lo llevo para siempre conmigo”.



Raquel llegó al atelier de Impúribus con la cabeza llena de ideas, pero también muchas dudas. No tenía en mente un vestido concreto, pero sabía que quería algo sencillo, con un aire relajado y en consonancia con su estilo personal: “El hombro caído siempre había estado entre mis ideas, me parece un toque delicado y romántico. También sabía que quería casarme con mangas, y Sara consiguió superar las que yo había imaginado”.



Además, tenía claro que quería llevar una capa en gasa de bambula, envolviéndola para entrar en la iglesia, y así se hizo. El resto se fue construyendo poco a poco. “Sara me ayudó a encontrar el punto para verme dentro de mi estilo. Me enamoró su idea de corte en pico un poco por debajo de la cintura y el cuerpo marcado con bambula”, nos cuenta la novia.





A pesar de la dificultad para combinar la idea del hombro caído con las mangas, el resultado terminó siendo exactamente lo que Raquel buscaba: “No conseguíamos dar con ello porque perdía mucha comodidad a la hora de mover los brazos. Mi hermana y mi madre consideraron que tenía que prescindir de las mangas”, nos narra la novia, “No podía ser… Al final, entre mi insistencia y el gran trabajo de Sara, conseguimos dar con la solución. Un trabajo de costura increíble para conseguir llevar unas mangas preciosas en gasa bambula de seda con un hombro caído”.




Durante el proceso de creación del vestido, Raquel también tuvo dudas respecto al clima que podía hacer en septiembre. Quería mangas y capa, pero temía que el conjunto resultara muy invernal para la fecha. En este aspecto, la elección de los tejidos fue clave: una gasa de bambula de seda ligera que dejaba entrever la piel, perfecta para un día de verano.




Además, a la novia le gustaba mucho la idea de lucir hasta el final el mismo vestido, una pieza cargada de momentos bonitos y con mucho trabajo detrás. Por este motivo, el vestido de Impúribus fue convertible. “Sara hizo todo lo posible para que llevase el vestido que quería, pero asegurándonos de que en el momento de baile pudiera estar lo más cómoda posible”, comenta Raquel, “El resultado fue un vestido desmontable, con tantas opciones que no recuerdo si llegué a usar todas”. En el momento del baile, la novia se quitó las mangas y subió el tirante del hombro caído, quedándose con una forma ideal que le permitió moverse, bailar y levantar los brazos perfectamente.




Completando el look de la novia, cada accesorio tuvo un significado especial: el velo con el que se casó su hermana, los pendientes que le regalaron sus amigas como parte de una tradición entre ellas… y los zapatos, unas sandalias de Mint & Rose, regalo de su hermano y su cuñada, que la acompañaron hasta el último baile.


Para su look de belleza, Raquel apostó por la naturalidad. Eligió un moño pulido y sencillo y un maquillaje luminoso: “me quería ver yo misma, solo un poco más especial”. Para ello, la novia confió la tarea a Sumaya El Amrani, que ya la había maquillado en otras ocasiones: “es pura elegancia y cariño, me hizo sentir súper tranquila todo el tiempo de preparación”.


Su ramo de flores fue sencillo, manteniendo la elegancia y el estilo de Raquel, con un toque de color y el aire veraniego que aportaba la presencia de una flor inesperada: la gerbera. Esta flor terminó protagonizando gran parte de la decoración de la boda. Además, el ramo estaba envuelto con la misma gasa del vestido de Raquel y una cinta con los nombres de la pareja y la fecha de la boda bordados. Como detalle final, la novia añadió al ramo el rosario de su abuelo: “Me acompañó ese día y sentí que, de alguna manera, él estaba allí conmigo”.



Toda la decoración giró en torno a las gerberas, la flor protagonista del ramo de Raquel, y al aire veraniego de septiembre, con tonos cálidos, verdes y toques cítricos en las mesas. No tuvieron wedding planner, así que la familia se encargó de todos los detalles. El resultado fue una celebración muy especial y cercana, preparada con todo el cariño de los seres queridos de los novios.


La ceremonia tuvo lugar en el Convento de las Bernardas de Alcalá de Henares, en la plaza en la que Raquel y Jorge pasaron gran parte de su adolescencia. La misa fue muy emotiva, oficiada por el padre Fermín, amigo de la familia, y acompañada, como sorpresa de la familia para los novios, por el coro de niños del colegio Ciudad del Aire.





La celebración continuó en El Jardín de La Vega del Henares, un espacio luminoso donde disfrutaron de un perfecto día de verano. Durante el cóctel sonaba el grupo Tarareo Eventos, y la música de la fiesta final corrió a cargo del DJ Javi Morata.

La fotografía del evento fue llevada a cabo por Ocho/veinticuatro.


Entre los detalles más significativos del día, Raquel y Jorge decidieron hacer una donación a la Ricky Rubio Foundation, dedicada a mejorar la calidad de vida de personas con cáncer de pulmón a través del deporte. “El baloncesto nos unió desde adolescentes y queríamos que también formara parte de nuestra boda”, cuenta Raquel. Fue su manera de dar un sentido aún más profundo a su celebración.


Raquel recuerda aquel 13 de septiembre como un día perfecto: “Sentir que era capaz de soltar el control y simplemente disfrutar, ver la cara de Jorge esperándome en el altar después de tantos años juntos, entrar con mi padre del brazo después de un año difícil, bailar con él You’ll never walk alone… Fue un día que guardaré para siempre”. Además, ver a sus amigos y familiares tan emocionados: “Los invitados lo fueron todo. Ver sus caras de felicidad por nosotros convirtió el día en lo más especial que hemos vivido hasta ahora”.








Créditos
Vestido de novia: Impúribus
Fotografía: Ocho/veinticuatro Foto & Video
Finca: La Vega Del Henares
Zapatos: mint&rose
Maquillaje y peluquería: Sumaya El Amrani
Flores: MirFlores Atelier
DJ: Javi Morata
Grupo del cóctel: Tarareo Eventos


